"La bicicleta es la más noble invención de la humanidad."
La primera carrera registrada ocurrió en el Parque de Saint-Cloud, París. Los corredores montaban pesadas máquinas de madera y hierro, llamadas "sacudehuesos". Era una época de valentía y huesos rotos, mucho antes del asfalto suave.
El periódico L'Auto dio a luz al Tour de Francia. Le siguió el Giro de Italia (1909) y la Vuelta a España (1935). Estas carreras monstruosas exigían a los ciclistas cruzar cordilleras en bicicletas de acero sin asistencia. Si algo se rompía, el ciclista debía arreglarlo él mismo, incluso forjando piezas en herrerías de pueblos cercanos.
Hasta 1937, para cambiar de marcha en el Tour, debías desmontar la rueda trasera y darle la vuelta. La llegada del cambio trasero (derailleur) revolucionó el deporte, permitiendo escalar montañas épicas como el Galibier o el Tourmalet sin perder el ritmo cardíaco.
Hoy en día, las bicicletas son maravillas del túnel de viento. La fibra de carbono permite construir máquinas ultraligeras (limitadas por la UCI a 6.8kg). Cambios electrónicos inalámbricos, frenos de disco hidráulicos y cables invisibles hacen de estas máquinas verdaderas armas de precisión.